Un paso adelante

salto al vacio

¿Cuántas veces no te has quedado mirando el horizonte por un momento que, en tu cabeza es un instante pero para el tiempo un momento más largo?

Si, mirás por la ventana, con dos o tres ideas en la cabeza que no te permiten volver a la realidad. ¿Qué tal si? ¿Por qué yo no? y al final quedás sembrado en una respuesta: te dormiste, no hiciste, te dio miedo…ya qué.

Preferible será siempre arrepentirse de lo que se intenta que arrepentirse de aquello que no se hizo, ese sin sabor, ese “hubiera sido” es el que a veces no te deja dormir en la noche.

A mis 41 años es muy poco de lo que debo arrepentirme por no haber hecho, obvio con el riesgo medido y apegado a mi instinto de conservación voy adelante con lo que considero es un paso relevante, algo que nutre, construye y que, de no suceder como lo planeado, al menos me dejará una lección para los pasos que vienen después. Pienso, hago, luego existo.

Por eso, en medio de las frecuentes y a veces aburridas discusiones (incluso innecesarias) derivadas de la igualdad en los géneros he de aplaudir siempre a una mujer decidida, impulsada por la razón y la pasión que, sin miedo y aún guardando elegancia y recato, es capaz de pedir (y exigir) lo que considera mejor para ella incluso en las relaciones.

Vivimos en una sociedad machista, si es cierto y pasaran al menos dos glaciaciones más para que eso cambie pero es muy valioso ir por la calle sabiendo que cada vez somos mas iguales y no por consideraciones sociales sino por puro gusto y aceptación.

El machismo hace que una mujer decidida y de las que propone sea encasillada como una cualquiera o una buscona. Igual sucede con quienes coquetean sin remedio (por puro gusto o vicio), bueno, soy de tipo monógamo y lo prefiero pero son libres de hacerlo.

Agradezco que me escriban, que me miren, que me sonrían. Agradezco un cumplido respetuoso o un primer acercamiento no pedido. Eso no es valentía (aunque requiere coraje) eso es saber quién sos, qué tenés y de qué tamaño es tu autoestima. Es saber decir “quiero esto y voy por ello” y esa determinación es muy valiosa.

Aclaro, no me pasa seguido, es más quizá no me vuelva a pasar pero en estos días en que el respeto parece más una práctica del pasado siempre es bueno recibir y saber que estás en igualdad de condiciones para proponer o disponer.

No juzgo, no es mi papel y así como podés recibir podes devolver o no, es una decisión que se respeta, a veces, me ha pasado, que he quedado más en visto que una pieza de museo, se entiende como inoportuno, tardío o de poco valor y lo que sigue es simple, se acepta, se digiere y se olvida.

A veces, no siempre, no iniciamos una conversación esperando porque la otra persona lo hace y nos quedamos con mil cosas por decir que terminamos olvidando en las ganas de decirlas. Pasa con las palabras y los hechos, pasa con las promesas que nunca llegan a recuerdos.

Actuar, ir un paso adelante, sin miedo ni consideraciones sociales. Proponer, pedir y exigir. ¿Por qué no? Finalmente todos tenemos algo que nos domina y es la voluntad y, aunque sea ella la que administre nuestras acciones nunca podrá ser usada por alguien mas que vos mismo.

Actuar, proponer, invitar, adular y aceptar… es fácil cuando se sabe lo que se quiere y lo que no, cuando la vida te ha enseñado hasta donde sacrificar y dar, hasta donde arriesgar para ganar o perder.

Igual, al final, de perder no perdes nada. Es simple. Si pedís por algo que no tenés y te lo niegan, ¿Perdiste algo que no tenías? y si, por el contrario, al pedirlo lo obtenés…sorpresa, ¡ganaste!

El tema es escoger muy bien por lo que veas, medir tus metas, saber pedir y sobretodo saberte ganar aquello que queres, estar seguro de merecerlo e ir por él. Dignidad y orgullo pueden esperar pero nunca olvidarse, ¡jamás!

Ir un paso adelante para no arrepentirse de quedarse estancado en el mismo lugar. Se puede, se hace y que las mujeres lo hagan, Dios, eso es felicidad.

Germán Salcedo Cajiao

@germanchos

 

*Foto: www.ellahoy.es