Perdonar es fácil, olvidar debería ser imposible.

“De los errores se aprende”, reza un viejo adagio y es, en la mayoría de los casos, como te van formando en casa y año tras año en el colegio, en la vida.

“Errar es de humanos”, si, porque no actuamos por instinto, no vamos con la perfección de la naturaleza sino sumergidos en intereses particulares, en envidias, celos y supuestos. “Nadie es perfecto” y menos mal, sino que pereza que se haga reelegir presidente tres o cuatro veces para nada.

Foto de: theminimalists.com

Foto de: theminimalists.com

Equivocarse, entonces, va en nuestra naturaleza terrenal, pareciera que nos dieron la capacidad de comunicación para eso, para excusarnos, para solicitar perdón.

Al solicitar ser excusados, al pedir perdón este debe venir desde lo mas profundo de cada ser e ir, directamente al núcleo, al origen del error mismo. Casi que el perdón lo debe solicitar el alma, no el cuerpo.

Si porque lo curioso del asunto es que “el perdón” aunque es obra de la gente proviene, de acuerdo a diversas proclamaciones, del más allá, es decir, perdonar es divino.

Entonces, nos equivocamos para que, a quien afectamos le llegue desde el cielo un mensaje de “perdónalo”  a veces seguido de un “no seas malito”.

¿Y los intestinos qué piensan? ¿Qué piensa la tripa de quien es afectado por nuestros errores? ¿Ah?

Es ahí en donde se resuelven estas situaciones porque podemos no tener instintos desarrollados pero si tenemos intuición, el “sexto sentido” que no es otra cosa que la función gástrica de las decisiones.

La entraña se pelea con la razón, con la mente, con el alma y el deseo por otorgar el perdón, pero, generalmente lo terminamos otorgando, es lo que nos enseñan: “perdona y vivirás mejor”. Es indigesto cuando este perdón se convierte en abuso, en traición.

Las voces internas ( y externas la mayoría por chat) llegan con el lapidario: “te lo dije”, “el que nace así muere así” y “la gente no cambia, ¿por qué lo haría el (ella)?”

Podemos, si y es un deber social, pasar por alto algunas fallas propias de nuestra condición humana y a veces falta de inteligencia y coherencia.

Podemos, es un deber, aceptar las diferencias en la gente, no solo por su personalidad y el desarrollo de la misma, sino también por su educación, formación en valores y, obviamente, por sus caminos de vida.

Perdonar es fácil, seguro con un poco de tolerancia, sentido común y “don de gente” podemos enviar al olvido los actos y situaciones que derivaron en nosotros una pena o un dolor, una angustia o una rabia. Podemos, seguro, dejar todo eso atrás y seguir, evolucionar y crecer. Morir sin rencor.

Perdonar es fácil, es cuestión de voluntad y de acallar la tripa.

Lo que no se debe hacer es olvidar, no, porque las buenas lecciones son inmortales.

Ojo, no es un llamado a la venganza o a vivir esperando reparación alguna, no, es un llamado a no desconocer que la gente se equivoca, que los errores seguirán viniendo y que podrán afectarnos en la medida en que los dejemos prosperar.

Aprender del error no es tarea solo de quien lo comete, es tarea de quien lo sufre también. Aprender para no volver a sentir lo que se siente en un engaño, en una traición, en una deslealtad.

Aprender para exigirse a si mismo a usar la entraña mejor, el “sexto sentido” y evitar que alguien cometa un error advirtiendo, directa o indirectamente, que ya se estuvo ahí y que no hay deseos de volver.

Aprender para evolucionar, para crecer como persona, para tomar valor y dar pasos sólidos en la vida.

Aprender a ser mejor, a superarlo a dejarlo atrás y seguir.

Somos ante todo seres humanos con capacidades y características que nos diferencian entre nosotros y de las otras especies. Aquí vamos en la cadena evolutiva, aquí es de donde debemos despegar para llegar mas lejos.

Perdonar es fácil excepto perdonar a quien no aprende de sus errores.  Llega el momento en que el perdón pide descansar y más si la conciencia de quien se equivoca se resiste a volver a su lugar.

Aprender para no tropezar, para no tener que pararse otra vez, pues solo se levanta quien cae y regularmente cae quien nunca aprendió a caminar bien y, humildemente, debe pedir un bastón.

Si te parece conveniente nos leemos por Twitter en @germanchos y ahí perdonarás lo poquito.

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