Soy tan V.I.P.

Imagen: tvnotas.com.mx/

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Antes de que empiecen con la joda de decir: “ay no pues tan VIP”, “tan picado” o el menos tierno “calláte fantoche” quiero decirles que escribo desde la sala VIP de Avianca en el Puente Aéreo de Bogotá rumbo a mi natal Cali y si, lo detecto en el aire enseguida, soy muy, pero lejos “mucho muy”  VIP, pero a la colombiana mis estimados.

VIP, a la colombiana:  un Vil Intento (de) Princeso. 

Así es, al entrar en la sala lo primero que descubres es que de exclusivo tiene mas bien poco, es imposible que algo para “los selectos viajeros gold” esté repleto a mas no poder y que, adicionalmente, no haya ni una sola bolsa de achiras porque, alguno de los ilustres se cargo con dos docenas de paquetes.

Entramos y te reciben con el trato de “si señor, siga señor, su vuelo fue cancelado, señor” igual, los que están en sala al menos tienen como conversar entre si, acá, me incluyo sumido en mi portátil queremos cualquier cosa menos cruzar palabra con usted, no sea igualado mijo.

Las niñas disfrutan de algún libro de pasta blanda y largas, larguísimas páginas. Los hombres, con disimulo (y no tanto) damos buena cuenta de los sándwiches, maní y el trago. Eso si, en la mesa una tónica y un vodka…es que eso de que sea gratis te da como sed, ¿no?.

Soy un VIP, un Vil Intento (de) Princeso. No hay trato diferencial, las sillas están sucias, las mesas manchadas y pegajosas… me siento como en una cafetería del centro…si, que dicha, en mi elemento. Pero, mirando a los lados de reojo y por encima del hombro, como debe ser, descubro aquellos que, en efecto, se sienten como si estuvieran no sé en dónde, quizá en la casa de algún Trump o algo. Qué pesar.

La mendicidad tiene cara de ascenso. Si, allá, las tres tristes aeromozas de tierra reciben las solicitudes con el: “amiga, hágame el fa de mandarme en primera, vea que llevo tiempo esperando y me duele el juanete”… pobres, saben que pueden, pero no quieren.

VIP como los que preguntan cual es la clave del “Guayfai”,

VIP como los que empacan las cervezas en la maleta.

VIP como los que se sacan los zapatos y las medias para subir los pies al sillón.

VIP como la “jeta” estirada que estas poniendo sin razón aparente.

VIP como los que entran al baño creyendo que es un concurso para ver quién lo deja peor.

VIP como los que luchan por un toma corriente para conectar hasta la plancha para el pelo.

VIP como los que gritan por el celular lo demorado que está el vuelo y lo malo que es el servicio de su aerolínea de siempre.

VIP como el que abre la maleta para acomodar las donas.

VIP como el que limpia sus uñas con el borde de la revista que otro va a leer y que, confiando en Dios, no va a limpiar sus dientes con el mismo borde.

VIP como el que, en medio del frío de Bogotá, llega de camiseta cuello en “V” preguntando si el vuelo está demorado.

VIP, si, como las que andan de perfume hasta debajo de las uñas.

VIP como el que mira mi celular con ganas de llevárselo.

Así es, VIP, como los que sienten que el mundo empieza debajo de sus zapatos.

Una pena, porque, tristemente son ellos los que, pudiendo y teniendo con qué, dejan que el país se lo lleve el diablo.

Triste, si de verdad fueran VIP no estarían acá, tendrían su propio Jet… o vendrían a pasar desapercibidos, que es mas elegante aún.

Ahí se ven, voy por otro vodka y al menos, 10 bolsitas de maní….porque mamá me enseñó, y yo obedezco, que “a dónde fuere, he de hacer lo que viere”.

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