Que cambie la prensa del abuelo.

Bandera de Colombia

Hace muchos años solía sentarme en un sillón reclinable de cuero café a conversar con el abuelo, cuando se acababa el tema, lo cual a pesar de mis 12 años de edad no era frecuente, recurríamos a la prensa.

El abuelo, siempre curioso, alentaba mi lectura invitándome a compartir con él, desde mis ojos y boca, los editoriales del periódico, especialmente los del domingo.

Si, la elección era simple. No había Internet, no había Twitter y el acceso a la televisión satelital era limitado por no decir nulo.

La única forma de estar correctamente informado era a través de los análisis que hacían (y aún hacen) los expertos, los letrados, los doctores  y los estudiosos acerca de las noticias que Colombia día a día emitía por radio y la TV.

Desde ese entonces, la medio bobada de 26 años, en Colombia, tristemente no pasa nada. Y, como decía el abuelo, “lo único que cambia en el periódico es la fecha, mijo”.

Si, nos acostumbramos, por deber o por pereza a vivir la realidad de una manera pasiva, siempre a la espera, ignorando los problemas para no tener que enfrentarlos. Esperar a que sea tarde para reaccionar de la forma en que podamos, no en la forme en que debemos. Políticamente y socialmente nos dejamos consumir sin mover un dedo, sin reclamar un voto.

Fuimos, los de la cosecha del 75, educados respetuosos del sistema pero autónomos en decisiones. Menos mal dejamos atrás la tonta costumbre de votar por partidos para pasar a votar por personas… creo que es peor. ¿Cuándo votaremos por las ideas?

No fuimos educados en rebelión porque la guerrilla la satanizó de tal manera que cualquiera que estuviera inconforme era un subversivo y no un genio creativo.

Entonces nos dedicamos, para no llevarle la contraria a nadie y para que, tristemente, “nos dejaran en paz” a no pelear por nada mas allá de lo que en derecho es nuestro.

Soportamos el nacimiento de las FARC, la toma de palacio, el desarrollo y explosión, (textual y literal), del narcotrafico y su asqueroso legado del “dinero fácil”.

Nos tragamos a Belisario, a Barco, a Gaviria, a Pastrana, a Samper y el segundo mandato de Uribe… no pasaba nada. Colombia crecía, es un país rico, riquísimo, se lo han robado por lo menos cuatro veces y sigue dando.

Aprendimos a base de golpes, y elecciones patéticas en las urnas,  a tolerar hasta que llego el momento de decir basta. La inmediatez de la información, el acceso a lo que no se conocía, el retirar el velo, el ver la realidad y sobretodo, el deseo de salir por fin del agujero nos hacen un pueblo inconforme, demandante, sediento de justicia, de paz pero sobretodo de tranquilidad y progreso.

No me sorprende en lo más mínimo el paro agrario, es mas, se había demorado pero, como le leí en El Tiempo y en Semana, a el presidente Santos le midieron el aceite y de a poco lo han ido arrodillando. Aunque, todo hay que decirlo, esta vez se paso de listo pretendiendo bajarle el volumen a un hecho que todo el país escucho a gritos desde el inicio.

No se trata de llegar a una posición al respecto, no, es el legitimo derecho que tiene el campesino de exigir ser respetado (por fin) y escuchado. El TLC atenta contra ellos, había que protegerlos mejor. No se hizo.

¡Ya Basta! No se ustedes pero cansa el tema de ver que cada día repetimos lo mismo de todos los años y no pasa nada.

Ni con marchas, ni protestas, ni huelgas. Simplemente es el momento de cambiar, de buscar salir adelante así nuestro guía sea errante, antipático y poco ágil. Con voluntad todo se puede, con voluntad nadie nos detiene.

No toleremos mas a un Congreso inoperante y a gobernantes poco idóneos.

No mas crímenes impunes, abusos policiales o tropas desmoralizadas.

No mas  silencio ante el maltrato infantil o a la mujer.

No mas programas de salud inoperantes, desempleo y falta de garantías en las sociedades comerciales.

¡No mas ignorancia!

No podemos perder mas soberanía en nuestro territorio y menos aún, perder nuestra tierra y/o nuestro mar. No señor.

Problemas hay muchos: hambre, desnutrición, desigualdad, falta de cultura, analfabetismo, corrupción, pobreza. Pero no son de Juan Manuel Santos o sus ministros exclusivamente, son nuestros, son estos que cargamos y atestiguamos durante toda nuestra vida. ¿Hasta cuándo?

No podemos solo sentarnos a esperar a que otros resuelvan, esperar la reforma tributaria de turno para ver cuánto nos va a costar la pasividad. No.

No podemos unirnos solo a celebrar un gol de la selección, un tour de Nairo, una carrera de la Pajón o un salto de la Ibargüen, no.

Tenemos, recuerden, un país rico, una capacidad de trabajo envidiable y un talento natural para lograr de lo poco mucho. Fuimos el país más feliz del mundo, si, pero eso era cuando la realidad nos parecía graciosa, porque no era nuestra. ¿verdad?

Este es nuestro momento, esta es nuestra Colombia, este es nuestro derecho… el derecho a permitirnos cambiar los titulares de prensa y que mi abuelo los lea desde el cielo y diga… “Carajo, casi que no”.

Nos leemos en Twitter, pero esta vez que no sea solo palabras…

@germanchos

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