Soy hincha del equipo, no de la barra.

Deportivo Cali

Las instituciones deportivas, sea cual sea el deporte para el que fueron constituidas dependen de sus seguidores, de sus hinchas para sobrevivir, para crecer, para trascender en la historia.

Son muchos los relatos de hazañas de los seguidores de un club u otro, historias con final feliz y otras con finales que desearíamos no repetir, todo por el amor, la pasión y la devoción a un escudo, a un color, a una ciudad, todo por defender una camiseta.

Estos hinchas, definidos como seguidores incondicionales, es decir, presentes en el estadio apoyando sea en las buenas así como en las malas.

Estos hinchas, fuente de grandes ingresos derivados de camisetas, llaveros, afiches, eventos y, el principal: taquilla.

Estos hinchas, quienes alientan y protestan, quienes exigimos y buscamos lo mejor para el club. Hinchas, fanáticos mejor, entregados a una causa: ser los mas grandes, pero, tristemente, no ser los mejores.

Lejos de entrar a discutir sí las barras bravas son buenas o malas, si son las causantes de los problemas de inseguridad en los estadios o generadores de violencia, de esa que espanta a la gente de los escenarios lo que debemos revisar es su motivación, su razón de ser y, objetivamente, tienen las mejores intenciones que, como por variar, se pierden entre los malos hinchas.

Nadie quiere ver, por ejemplo, a su equipo administrado de la peor manera, jugando a nada y camino al descenso, no, nadie. Es el momento de levantar una protesta si, ¿pero amenazar dirigentes?, ¿destruir las instalaciones del club?, ¿vandalizar a las afueras del estadio? No son el camino, por el contrario, lo que hacen es desvirtuar la protesta, generar un eje temático diferente hasta que, irremediablemente, los malos dirigentes se salen con la suya y el equipo pierde no solo dinero, sino la categoría.

Hablémoslo sin temor, al fin y al cabo estamos entre fanáticos del fútbol y como tal entendemos de pasión desmedida, ¿no?

Primero, soy hincha del Deportivo Cali desde que tengo uso de razón y me alimento de sus logros como sufro y comparto sus malos ratos.

Me gusta, lo disfruto, vivir el fútbol en el estadio, con la gente, entre papel picado, entre gritos y sufrimiento, como alegría, compartida. Me gusta ver la tribuna llena, saltar y apoyar. Me gusta vivir el fútbol como una fiesta, como un carnaval.

El domingo pasado, septiembre 1, y por segunda fecha consecutiva en la disputa de la Liga Postobon, el Frente Radical Verdiblanco (FRV) reconocida “barra brava” del Deportivo Cali no ocupó su tradicional lugar en la tribuna sur del estadio Pascual Guerrero, ¿el motivo? Fue una protesta organizada no por el estilo de juego de los azucareros, ni por estar en desacuerdo con los resultados, no, esta vez tiene un fondo diferente: los hinchas miembros de esta barra protestan porque consideran que no jugar en el estadio de Palmaseca es evitar que el escenario sea terminado.

En este caso, tienen toda la razón, el estadio de Rozo, orgullo del Deportivo Cali y sus hinchas, parece ser una obra que no verá su finalización pronto. La están entregando hace años.

Hay que jugar en Palmaseca, si, pero cuando se adecuen las vías de acceso, cuando se habiliten los baños, cuando se garantice la seguridad de los visitantes y cuando, por Dios, la cancha este optima.

Los resultados han venido acompañando al Cali, si y sin embargo no lleva mas de 10.000 hinchas por encuentro… a Palmaseca, según lo visto, irían menos.

Los del FRV no han pensado en los abonados. ¿qué sillas les va tocar o que tribuna si para algunos su lugar está ocupado por un palco a medio terminar?

Hay que jugar en Palmaseca, si, para que el estadio sea terminado, para generar el habito y desde él la cultura de ir seguido, si, pero, ¿había que romper las calles y los carros a las afueras del Pascual?

Una vez mas una protesta justa termina en un hecho judicial reprochable. El presidente del Cali, Óscar Astudillo resolvió que el club haga las veces de local en Rozo, razones tendrá, estratégicas y de mercadeo claramente no, pero razones tendrá.

Sin embargo la barra fue sancionada con quince (15) fechas sin poder entrar al estadio elementos alusivos al Cali (trapos, bombos, banderas, etc). Paño de agua tibia.

El fútbol, si es que no lo sabes ya, es un negocio que depende de buenos contratos publicitarios, figuras destacadas, escenarios óptimos y claro, resultados deportivos esto hace que la hinchada sea mas leal, fiel y quiera, a como de lugar, lucir los implementos del equipo y llenar el estadio. Pero, todo eso se nos va en distracciones sin sentido de los malos hinchas.

Veremos cómo hacen para motivar la visita a Rozo, sin figuras, sin continuidad en los resultados, sin ofrecer comodidad y compitiendo con la TV para así, Dios quiera, jugar en casa llena ante un público lleno de buenas intenciones pero, tristemente, con malos hinchas.

Nos leemos @germanchos

*Foto CEET, Fútbolred.com

 

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