Alirio Beckham, el solo guayo.

cancha de fútbol

Partido dominical, de 8 de la mañana. ¿A quien se le ocurre programar un partido amistoso a esa hora? Pues al profe, “para ver quién es quién dentro del equipo” dijo. Cuestión de compromiso y sacrificio, el riesgo de jugar enguayabado lo corre el deportista.

La cita, lejos, en unos lotes a las afueras de Bogotá. Hacia frío, el desayuno fue muy escaso y las ganas de jugar, como siempre, intactas.

Este va ha ser el partido de inicio de la temporada y en el que nos presentarán a los nuevos integrantes del equipo, algunos dejarán de jugar por falta de tiempo, otros por falta de físico y otros tantos por pura falta de talento. Es que eso de perder casi siempre es inaguantable y más en un equipo acostumbrado a ganar. Es la propia purga.

En fin, íbamos llegando de a uno. El “profe” de primero, muchachos, decía, bienvenidos; Les presento a… uno, dos,  tres y cuatro caras nuevas, me acuerdo de las caras, de los nombres no. Esperamos ponerles algún apodo para reconocerlos, así es más fácil.

El rival lo consiguió el “profe”  según el,  “es de menor categoría, para que nos demos confianza antes de arrancar el torneo”; valiente forma de empezar, engañándonos. Pero mirémoslo amablemente, la confianza es la fuente del éxito.

Nos estábamos cambiando, poniéndonos “los cortos” cuando el murmullo tradicional de camerino, en este caso un amplísimo potrero en Cota, se acalló ante el brillo de la chaqueta de nuestro nuevo integrante del equipo.

Llego muy bañadito, afeitado y perfumado. Su pelo largo recogido y peinado, una tula, un enorme maletín lo acompañaba.

¿Qué acaso trae uniformes para todos? Pensé. Pero no, era su equipo personal. Mejor dicho, Beckham es un pobre diablo al lado de lo que llego, claramente quedo bautizado: “Becks”.

El hombre entablo un rápido dialogo con nosotros siempre resaltando su amplia experiencia como goleador de muchos equipos en los que jugo y ganó múltiples torneos.

Habló de cómo su carrera de futbolista profesional se vio truncada no solo por los deseos de su padre, reconocido magnate, sino por la “rosca brutal de las divisiones menores de… (Nombró al  equipo, pero como no me consta, no lo repito).

Hablo de la importancia de la nueva tecnología de sus guayos ultima generación y de cómo hay que tener varios pares de los mismos, “para cada tipo de terreno aunque en Colombia casi todos son unos peladeros”.

Una queridura el man, ¿si o qué?

¿El término “solo-guayo” te dice algo? Pues este es nuestro amigo “Becks”, el man se ajusto la pantaloneta, las medias y demás con la propiedad propia del crack, no como el Pibe Valderrama, ese no se ajustaba nada, pero igual, se amarró el pelo con una balaca a lo Falcao y comenzó a estirar.

Dios, lo peor para un equipo de amigos: un futbolista frustrado más. Pero no, este es una estrella caída de la galaxia o del Motel “Las Galaxias”, mejor.

Adelante, como delantero, se ubico “Beck” en la cancha. Su pinta auguraba un día para no olvidar.

Arrancó el partido y fieles a la instrucción del “profe” salimos a ganar y  a divertirnos. Con lo que no contábamos es que el show, el entretenimiento y la diversión, estaba a punto de comenzar cortesía, gentil cortesía, de “Becks”.

En el fútbol moderno lo que vale es la movilidad y mantener el arco en cero, pero, ante todo, la dinámica, moverse en la cancha ubicarse, desmarcarse y sacrificarse.

Ese es el fútbol moderno, el de “Becks” fue un lastimero recuerdo de lo que debió ser. pues se mueve más una baba en un arenero que lo que se movía el mencionado ariete y tiene más dinámica un Bingo de ancianato.

Debe ser un delantero de esos que esperan la que les queda y la meten contando con una suerte loca, como Inzaghi en el Milán, goleador de raza, de raza de oportunistas.

¡No señor!, primer balón, uno clarito para definir, le cae a las piernas y… le reboto de la canilla a las manos del portero.

Mala suerte, pensé. Mala suerte que se repitió 15 veces, mejor dicho, no para ni un bus en una avenida principal en un aguacero, en semáforo en rojo y medio vacío.

“Becks”, métete al medio, le ordeno el “profe”.

Vino el hombre a la banda y saco un Gatorade de su maletín, corría el minuto 10 del primer tiempo ya con cara de cansancio. Esta duro, alcanzo a comentarle a los incrédulos miembros del banco de suplentes.

Pitazo final, el aplauso y el gusto. El partido fue fácil, ganamos sin discusión y por amplio margen.

No vi nunca a “Becks” en una jugada definitiva, es más, sospecho que era su primera vez en una cancha (peladero o potrero) de fútbol.

El hombre toco la bola mas bien poco, casi se desgarra en un pique, no gano un solo cabezazo y para rematar se hizo sacar una amarilla ridícula por no saber ejecutar un saque de banda y ponerse alegar con el juez. Fue muy cómico, tristemente cómico.

Los guayos no juegan solos, el talento se hace, si, pero se requiere un factor genético que lo respalde y, después de todo, es mejor quedarse cayado a no pasar por una vergüenza semejante.

No supe quién lo invitó, no supe como llego y no me di cuenta a qué hora se fue pero, nos divirtió y nos permitió recordar ese termino ochenteno: “solo-guayo”.

¡Grande Becks!

*Publicado en Futbolete.com en 2009

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