Buscar y encontrar pareja

 

“Me gusta, si, tiene mucho de las cosas que pido en una persona para ser mi pareja” esta fue la primera frase de una corta charla acerca de un amigo que le presenté a una amiga con fines sentimentales.

Ella, cansada de los vacíos de Tinder y tras un par de frustraciones sentimentales optó por cerrase del todo a conocer gente a la azar, y ahora lo hace a través de una red de personas para, entre otras, evaluar referencias, estudiar estados civiles así como antecedentes emocionales y, según ella, “ir a la fija”. ¿Pero realmente va a la fija?

Hay una realidad innegable, con la edad los filtros se van volviendo más exigentes. Ya no estás para cualquiera, ya no, ni mucho menos para andar con gente que no tiene idea de lo que quiere en la vida o qué camino seguir por la misma. Ya estas para criar hijos, no a tu pareja.

Pareja desayuno

Muchos, me incluyo, tenemos unos parámetros claros de lo que queremos pero, con la adultez, esa lista cambia y se convierte en una de lo que no queremos, la clave: no negociarla.

¿No les ha pasado que cuando van al supermercado con hambre terminan llenando el carrito con mucho de lo que no necesitan? Pasa, tristemente, con las relaciones al comienzo.

Encuentras atributos que con el tiempo descubres que no tiene. Se establecen lazos que se creen fuertes simplemente porque te tratan bien o te dicen lo que querés escuchar. Es tan simple que da miedo.

Gente que espera, gente que busca la pareja perfecta, el compañero ideal pero si no sabes exactamente qué es lo que quieres y estas dispuesto a recibirlo, es mejor no buscar.

Ideal que quien llegará a la puerta, se mostrará realmente como lo que es desde el principio y que, si estás con suerte, fuera una persona que sea compañía, tu cómplice. Alguien que vaya con vos por la vida dándote herramientas para crecer, apoyándote y criticándote para que sigas evolucionando.

Alguien que esté con vos en la buena, pero sobretodo en la mala. Alguien que permita y valore canales de comunicación abiertos, claros, honestos y con respeto.

Una persona que entienda el valor de la familia y amigos, pero que tenga el “valor” para tenerlos a raya. Los aportes de la familia y su respaldo son valiosos como lo es la frescura de una buena amistad pero, a la hora del té, una pareja son dos, no tres ni mucho menos cuatro.

Alguien con la autoestima alta y bien cuidada, con criterio y que se entregue como lo haces vos a la relación. Alguien que, por favor, en la intimidad no se guarde nada, que sea con toda, por todo y las veces que sea pero siempre exclusivo.

La belleza va y viene, lo demás no. Los gustos se manejan, los malos hábitos se señalan y corrigen pero la esencia de las personas sólo evoluciona, pero no cambia. De ahí a entender con quién querés estar antes de estar. Hay, como dice una amiga, gente que viene “con defectos de fabrica”, casos perdidos.

Mi amiga sabe lo que no quiere, hizo el curso completo y con doctorado. Ha sido desafortunado su paso por los caminos del amor. Pensó en retirarse, en no permitirse esa ilusión nunca mas. Una idea que seguro hemos tenido muchos, una idea parecida al feroz guayabo que empieza con la frase “no vuelvo a tomar”. El tema no es hacerlo, es regularlo mejor.

“Es que vos le metes mente a todo” me dice, y si, es uno de mis principales defectos: pienso, sin paranoia, en todo.

En esto de conocer personas y decidir tener una pareja juegan muchas cosas: la parte química, la parte física, la empatía, la comunicación y hasta la costumbre.

Dicen que el ser humano decide si estaría dispuesto a estar sexualmente con alguien en 6.5 segundos. (la atención de un pez dorado dura siete segundos, por si acaso). Así que en 6.5 segundos pasas de “hola qué hace” a “bienvenido a la friendzone“. Puede ser que salgas de una para meterte a otra, se requiere talento.

Ese es el primer filtro. Después la ropa, el modo de hablar, cómo te comportas en la mesa. La etiqueta, el glamour, la decencia.

Mente a todo, si, pero con el corazón abierto a las pequeñas señales, esas que te advierten del peligro o esas que te dan la confianza para seguir, precisamente como se debería, sin mente.

Por ejemplo, soy muy televidente, hay en el canal A&E un reality llamado “Matrimonio a primera vista”, en él han reunido una sexologa, un psicólogo, una socióloga y un consejero espiritual. Entre ellos y de una base de candidatos tras algunas pruebas y entrevistas decidieron que seis de estas personas deberían casarse entre sí.

Los citaron en un hotel con familiares y amigos. Los presentaron, “hola te presento a Jamie; hola este es Andy” para, 30 minutos después ser marido y mujer. Sin conocerse, sin hablar, sin nada diferente a verse frente al notario y sus familiares. Obvio, todos ellos llegaron al show con deseos de casarse.

Una vez casados tienen su fiesta de bodas, sus fotos y su primera noche. Chévere, ¿no? uno salir en fotos con una desconocida vestida de novia y después ir a dormir con ella tras una rumba con tu familia y amigos.

Pasada la primera noche los enviaron de luna de miel. Todo esto mientras se van conociendo. Al llegar debieron decidir dónde y cómo vivir para, tres semanas más tarde, responder si quieren seguir casados o divorciarse. Es, como ellos mismos lo dicen, un experimento.

Yo lo haría.  La lista de los “me gustaría y no me gustaría” está llena y analizada por expertos. Hay acompañamiento y te dan todo, boda, fiesta y luna de miel. Es casi una apuesta segura.

Lo que probará el experimento es que aún llenando la lista (cualquiera de las dos) no siempre se llega a la pareja ideal, porque simplemente evolucionamos día a día y los gustos van cambiando, madurando si se quiere, y quien no logre una adaptación pronta a otra persona o, que impida el crecimiento natural y fluido de una relación pues… la matará.

Yo lo haría, porque prefiero decepcionarme de alguien a quien no conozco que de alguien a quien creía conocer y al final, no fue así.

Uno se casa con una persona, pero se divorcia de una diferente y esta segunda es la que siempre estuvo, solo que no la viste.

El camino es duro y, seguramente, hay un alguien para cada quien, porque, como se ha dicho siempre: fuimos, la raza humana, diseñados para andar en pares.

Después hablamos de la soledad y de como, con certeza, es el paso siguiente de la evolución. Por ahora, llamaré a mi amigo para decirle que superó los 6.5 segundos y que le haga sin mente, que ella es una pelada bien y se merece un buen tipo, merece la tranquilidad y la felicidad.

¿Yo? Bueno, soy mejor Celestina que Calisto, pero si conocen una Melibea parecida a lo acá escrito… que saludes.

Germán Salcedo Cajiao

@Germanchos

*Foto: ideal. es

Originalmente publicado en ConLaOrejaRoja.com en Agosto 06 de 2015

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