Nuestros detalles, mejor así.

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Voy a salir con alguien, le conté a un amigo una tarde entre temas de fútbol y la triste realidad del país. Después del interrogatorio propio del DANE se quedó tranquilo. Al otro día nos encontramos.  Y, ¿cómo te fue? fue lo primero que preguntó entre morbo y curiosidad. Esperaba, seguro, una respuesta llena de detalles e imágenes verbales que lo incluyeran a él en el momento que mi pareja y yo vivimos.

Sonreía, levantaba las cejas, “dale cóntame”, repetía, “no te guardés nada”, pedía.

Por mi mente, evitando suspirar, pasaban cada uno de los segundos compartidos, el dónde, el cuándo pero sobretodo el cómo. Levanté la mirada, sonreí sin picardia, mas bien con seriedad, lo mire pensando mi respuesta, no le dije nada, no todavía.

Aprendí que guardar ese secreto, dejarlo para la pareja, disfrutarlo y revivirlo en privado, entre los fetiches y gustos de cada quien, mutuos, vale mas que cualquier punto alto en una conversación o volverse centro de atracción en una reunión. Son los años, seguro.

Estamos en un mundo abierto a la sexualidad en donde hay un gurú en cada canal, estación de radio y junta de padres de familia. Eso si, cada quien vive su sexualidad de acuerdo a sus gustos y preferencias, cada uno es libre de salir con quien prefiera y disfrutarlo en la forma que más le guste, eso es claro, yo lo hago.

Lo que no te enseñan, lo entendí con el tiempo y la edad, que el sexo se disfruta más cuando los detalles permanecen encerrados en los recuerdos mutuos y no en los relatos tipo Popol Vuh.

Debo aclarar que no soy experto ni me considero un gigolo, mi torpeza no me lo permite pero si soy consiente, así suene a frase de cajón o comercial trillado de licor, que prestar atención a los detalles es el primer paso para convertirse en un buen amante, al menos en uno con acceso frecuente y no uno de “si te vi preferiría no acordarme”.

Los detalles, así sean minúsculos, son un todo en cualquier evento, más si se trata de un encuentro intimo. Los sentidos deben estar activos desde el primer momento. La vista hace el registro, todo entra por los ojos y lo confirman el olfato junto con el oído para abrir la función. A ellos, ya en confianza ganada con respeto, le siguen el gusto y el tacto para terminar el recorrido.

Son ellos, combinados en una gran sensibilidad, los que van marcando el ritmo. Los que dicen qué hacer y por dónde ir. Son ellos los que manejan los hilos, controlan la velocidad y te llevan a ese maravilloso momento en que te das gusto dando gusto. Hay que dejarse guiar.

Obvio, para que sea así hay que entender algo y es básico: a la cama se entra con voluntad para dar antes que recibir y no es una opción.

En la medida en que seas generoso y contemples cada una de las necesidades de la pareja, la hagas sentir cómoda con el momento, con vos y con ella misma se dará un momento de esos que, sin querer, traigan recuerdos a los pantalones que no podas controlar, situaciones que ocurren en reuniones familiares o eventos laborales de cierto nivel.

Los sentidos, puestos todos para captar cada momento y no descuidar nada. Escucha a la piel, mira el pecho como se expande, huele el deseo, siente el calor y prueba el placer. El cuerpo entregado al servicio de otro cuerpo, con toda la voluntad,  hace que la intimidad tenga ese valor agregado que te permite, sino volverte inolvidable, al menos hacer que con quien estés te pida un “repitís”.

Como en todo, el buen amante debe aplicar la máxima que reza que “la mejor forma de mostrarlo no es promoverlo”. No es un secreto, la carreta entre más vacía viene más ruido hace, por eso, al contrario de publicitarse es el silencio el que hace más.

Eso de ir pregonando de lo que sos capaz o de lo que hacés no es sano, puede que te haya ido bien una vez (o al menos eso te hicieron creer) te obliga a cumplir, pone en alerta a tu pareja, se convierte en un reto, en uno como el de la blancura de Ariel… y más te vale sacar la mugre.

No hay nada, al menos para mi que soy de los clásicos, encontrarte con tu pareja, leer sus ojos, sentir su piel llamando a la tuya, la sed y el hambre de su boca por vos, mutua, eso, así, así es que se comienza. No a la berrionda y mucho menos para salir rápido de eso, no.  Entregarse no es tan sencillo, no es como pasarse un cigarrillo en una fiesta o rotar un caneco de güaro. No. Entegarse es permitir que otro sienta con vos, por vos.

Desde que tocas la piel sabes en dónde va terminar. Sentís la conexión, la energía y ese “¿Por qué no?” que activa todo tu ser. Alerta, si no lo haz bloqueado con una relación vigente esa sensibilidad sigue funcionando, (monogamia for ever), así que ojo con aquellos(as) que necesitan alimentar su ego como un quinceañero(as).

Lo que recibís en el acto de pareja va mucho más allá de poner una bandera en la luna o el romántico, pero indebido, “aquí estuve yo”.

Lo que recibís es la desnudez de quien te acompaña, su voluntad de ser tuya, de que le veas a los ojos y desde ahí todo su cuerpo: cicatrices, lunares, pecas, tatuajes, manchas, estrías, marcas,  etc. ¿Cuántas personas te han visto desnudo en tu vida? (digo, sin que tengas que pagarles, y me refiero a los médicos).

De ahí que el manejo de la intimidad pasa a ser clave. Es un momento en que tu desnudez, de cuerpo y alma, es mía, un momento en que entregas todos tus secretos físicos. Querés guardarlos en fotos, allá vos, yo prefiero llevarlos conmigo, en mi, para nadie mas. Soy egoísta, ¿qué le vamos hacer?

Mi cuerpo, (sé que me harán bromas por esto, más por el tamaño que tiene), es tu templo y en él no entra cualquiera, no se detiene cualquiera y no se queda cualquiera. Lo cuido, hay que cuidarlo de los invasores, hay que entregarlo, lo hago, a quien te ayude a cuidarlo, hacerlo mejor.

El valor agregado en el acto sexual parte de la intimidad, de entregarla sin medida sabiendo que quien está con vos hace lo mismo. ¿Qué cómo sabes? Fácil, cerrá los ojos e imagínalo(a) al día siguiente, ¿cómo lo/la vas a ver a los ojos? eso y, sentí, abrí los sentidos, si se siente correcto, si se siente tranquilo, si se siente más allá de “rico”… ¡Dale como a cajón que no cierra!

Terminar agotados, terminar plenos, ojo, primero que termine ella o en su defecto simultaneo pero nunca, nunca primero vos. Por algo le diste el paso en las escaleras y le abriste la puerta, ¿no?

La técnica, el ritmo, la creatividad son nada si se llega con la intimidad restringida, con los sentidos apagados y/o con escrúpulos. En este punto, los pelos no se ven, los granos no se ven, los olores… bueno esos si, pero son parte del seguir o no, si seguiste ya es muy tarde para detenerse, ya en este punto no cuentan.

Terminar para abrazarse, para sentirse, para que los corazones latan desmedidos en un mismo pecho. Para agradecer sin palabras y, tras un Gatorade, empezar a descubrirse otra vez, a encontrarse otra vez y a entregarse generosamente otra vez.

Un caballero no tiene memoria, pensé volviendo a mi amigo que curioso y expectante aguardaba por mi respuesta. Tome aire, suspire para adentro y le dije, “compadre, estuvo bien, lo demás no te importa”.

La respuesta, claramente no fue suficiente, tras varios señalamientos de todo tipo y gracias a un rápido cambio de tema no volvimos hablar del asunto. Eso si, le aclaré,  si hay algo preciado es la intimidad, es lo que te da valor agregado y te dejo, tengo una cita. Y me fuí.

Germán Salcedo Cajiao

@germanchos

*Foto: paniculatainbloom.com

Originalmente publicado en ConLaOrejaRoja.com en Junio 18 de 2015

 

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