Tenemos que hablar

A la frase “Tenemos que hablar” debemos responder siempre con una pregunta y no, no es “¿Para qué? No, es una que debemos hacernos internamente porque, muy probablemente tras esas tres palabras venga una terminación o, en el mejor de los casos, una última advertencia.

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La pregunta entonces es “¿Qué diablos hice o dejé de hacer?” a nadie le regalan un “Tenemos que hablar” de la nada, no, la mayoría de las veces viene de una acumulación de hechos o carencias que deben resolverse con prontitud pues inquieta a la persona con la compartes tu vida, dicho de otra forma, debes validarte como pareja valiosa.

Idealmente una pareja cuyos canales de comunicación sean respetuosos, sinceros y constantes no pasarán por una situación así pues en su día a día irán puliendo eso que no les permite encajar naturalmente; de no lograrlo tendrán una amable despedida y una amistad que, ojalá, perdurará en el tiempo. Hay gente que simplemente no es para ti, al menos no como pareja.

El “tenemos que hablar” se puede evitar en la medida en que, desde el inicio de la relación vayas detectando aquello que te gustaría fuera mejor o lo que debes eliminar o mermar para hacer de la convivencia algo dulce. Se requiere, eso si, una franqueza inmensa, madurez y buen manejo de la sutileza. Elegir los momentos y tratar de no sonar a reclamo y mucho menos con comparaciones a relaciones anteriores.

Evitar el “nunca” y el “siempre” en los diálogos ayuda a ir encontrando los puntos medios para llegar a una comunicación sin alterarse. Simple como saber escuchar y entender que compartes con alguien mas ese tesoro que sos vos.

Los hábitos no se cambian o eliminan, se van encarrilando o moderando. Hay situaciones o comportamientos que decidiste no tolerar en tu vida, hay valores y principios que no negocias. No lo intentes, simplemente agradece y sal de ahí. Forzarse a estar porque si es arriesgarse, so pena garantizada, a perder.

Los detalles son todo. Los buenos y los no tan buenos. Evaluar situaciones, experimentar los zapatos del otro y sin alcahuatería razonar acerca de los eventos, no es fácil, pero ayuda a no ahogar la relación entre gritos y reclamos.

Si no sabe pregunte. Suponer es la muerte, si hay alguna duda respecto de algo es mejor preguntar, eso si, estar consiente que la respuesta no te pueda gustar o que pueda ser aquella que no quieres oír; pero al menos estarás con la tranquilidad de que todo quedo claro y que ni te deben, ni vos debes.

Lograr engancharse con alguien, aunque tiene sus bemoles, es relativamente sencillo, es un comportamiento instintivo en el que decides, lentamente, ir cediendo un poco de vos para ir ganado un poco de tu pareja hasta construir una nueva identidad, un “nosotros” en el espacio/tiempo. Por eso el no apresurarse, el administrar pasión, el saber qué se quiere y qué no, el evaluar comportamiento social y en la intimidad te van a permitir irte abriendo a ese “nosotros”, insisto, forzarlo es perder, suponerlo es perder y darlo por hecho es perder dos veces.

“Tenemos que hablar” llega cuando no llenas expectativas, cuando generas más inquietudes que respuestas, cuando la realidad no supera la promesa o, hay que decirlo, cuando estas obligando a existir algo que nunca va a nacer.

“Tenemos que hablar” cuando no vas por el mismo camino que tu pareja o no bailas la vida a su ritmo.

Todo es equilibrio, todo es entrega, todo es respeto y comunicación. Pero nada de esto sirve si no está sobre una personalidad segura de si misma, de lo que tiene para dar y de lo que desea recibir.

Paso a paso, “Roma no se hizo en un día”, así debes ir con la claridad suficiente para no generar falsas expectativas y la fortaleza, así como educación, para poner un alto en el camino y, de ser voluntad conjunta, continuar o seguir.

Soldado avisado no “tiene que hablar” con nadie. Alerta a las señales, ideal no preguntar sino descubrirlas. Aceptar aciertos y errores por igual. No juzgar con una vara diferente con la que te juzgas.

No victimarse ni dejarse atropellar. No permitirse cargar con un peso que no es el tuyo y vivir tranquilo cada minuto, cada instante, cada momento que te aleje de ese “tenemos que hablar”.

Ahh, lo olvidaba… no lo hagas por email, chat de Facebook, Twitter o Whats App… el cara a cara es la mejor opción.

“Tenemos que hablar” si, pero de lo que queremos, de lo que somos, de cómo nos disfrutamos mejor uno del otro.

Hablemos de lo que nos falta, de lo que nos sobra. De lo que nos molesta y agrada, palo y zanahoria.

“Tenemos que hablar” cada vez que podamos, con serenidad y la verdad, juntos porque a eso nos metimos, juntos hasta para decir adiós.

Germán Salcedo Cajiao

@germanchos

*Foto: stuff.co.nz

Originalmente publicada en ConLaOrejaRoja.com en Agosto 18 de 2015

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