¿Feliz o tranquilo?

feliz y tranquilo

Hace un par de meses, e incluso más que un par, cada vez que me preguntan por mi estado de salud o mi condición de ánimo en general, contestó con “tranquilo”.

Nunca pude, confieso, contestar “divinamente”, “bien, para no preocuparte” o “maravillosamente bien y mejorando”.  Debe ser porque creo en la coherencia de las palabras con los hechos y por ende no puedo contestar algo que en verdad no siento o que, así no crea en lo de la atracción y demás, quiera que pueda venir.

Obvio, no siempre se entiende y ante mi respuesta, mi “tranquilo”, hay quienes reaccionan eliminando la sonrisa de su cara y otros, simplemente contestan “qué bueno”.

Y, créanme, lo es, es muy bueno y no, para nada es dármelas de nada, no.

A veces las personas se preocupan tanto persiguiendo la felicidad que olvidan la tranquilidad.

Estar tranquilo, para mí, es ir por la vida sabiendo que colaboras para que tu entorno sea mejor. Vas en armonía con lo te rodea. Respetas para ser respetado y sabes que no estas estorbando ni molestando a nadie.

Estar tranquilo es saber que no tienes deudas morales con nadie, ni siquiera con vos y  que en tu almohada, cada noche, te acompañan los sueños, uno que otro ácaro y una conciencia limpia.

La tranquilidad sólo depende de vos, es una de sus ventajas,  depende de cómo enfrentás al mundo y lo que te rodea. Estar tranquilo es, en consecuencia, una decisión propia.

¿Y la felicidad? Bueno, eso es otra cosa pues aunque la mayoría de las veces depende de vos hay ocasiones en las que permitís que dependa de otros. La felicidad, entonces, es endosable.

Creo en que realmente se es feliz en la medida en que califiques y cuantifiques qué te hace feliz internamente. Hay gente que se contenta con poco, y es feliz, así, sin mas adornos.

La felicidad es caprichosa y complicada por eso hay quienes nunca la encuentran, aún teniéndola al lado,  porque cuando la sienten llegar inmediatamente la sofocan. O, casos de la vida real aunque no se lo crean,  hay gente que no es feliz porque le tiene miedo a la felicidad.

El miedo a la felicidad no manifiesta ausencia a la voluntad de ser feliz, sino es el temor de perderlo todo por entregarse a ella. “No puede llover todo el tiempo”, dicen para justificar el no entregarse a esa dicha. Ejemplos hay variados, para citar algunos: relaciones que parecen cuentos de hadas, trabajos perfectos, amistades infinitas, resultados deportivos esperados, familiares con solo noticias buenas, etc. Deberíamos entregarnos a celebrar pero no, el pesimismo, natural en nosotros un país de desconfiados, nos limita (y corta) el goce.

Empezamos con el “¿Cuándo fallará?”, “No mijo, de eso tan bueno no dan tanto”; “Nadie es perfecto” y demás expresiones que nos llevan a un resignado: “son cosas de Dios” y después de eso “bye-bye” felicidad.

Eso si, atesoro los momentos de felicidad porque la conocí y disfruté varias veces. Estuvimos de viaje y vivimos la vida. Compartimos la comida, las mañanas, las tardes y las noches. Nos entregamos íntimamente y sin reserva. Fuimos amantes un tiempo, luego nos distanciamos para extrañarnos y así querernos, desearnos, más. La felicidad y yo lo teníamos todo, todo menos tranquilidad. Por eso se fue. Tuvo que hacerlo. No había paz.Uno puede y debe ser feliz, claro que sí, pero a mi juicio, con todos los libros de superación, los seminarios de autoayuda sumado a millones de gotas y productos, el concepto de la felicidad se encuentra sobrevalorado. Tan simple como saber que hay quienes no saben lo que es la felicidad porque no entienden de tranquilidad. Por ejemplo.

Se despidió brevemente y yo quede atrás. Ahora vivo con la tranquilidad. Sé que hice todo lo que pude por conservar la felicidad y alimentarla, pero, como les decía, lo que te hace feliz a vos no necesariamente es felicidad para los demás.

Vivo tranquilo porque no deje nada pendiente y cada promesa que hice es ahora un recuerdo, y uno bueno (modestia aparte). Siento la tranquilidad de poder sentarme a pensar en mí primero sin olvidarme de los demás.

Tranquilidad de saber que puedo sonreír sinceramente y que cada palabra dicha está llena de verdad, así no sea sexy.

Es esta tranquilidad la que, con el tiempo, hará que la felicidad, como su hermana complicada, consentida y peliona regrese. Seguro lo hará. Esta vez, es claro, no dejaré que tranquilidad se vaya, no es un precio que estoy dispuesto a pagar por la felicidad, no otra vez.

Germán Salcedo Cajiao

@Germanchos

*Foto: runrun.es

Originalmente publicado en ConLaOrejaRoja.com el 03 de Octubre de 2015.

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