La mirada del cocodrilo

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¿De dónde se prende? No hay un interruptor como tal, un switch que te permita un rápido encendido, incluso, en contadas ocasiones, podes dar mil millones de vueltas a las perillas y el sistema simplemente no arranca. No es un secreto, no es un misterio es simplemente anatomía, es naturaleza, es, oh si, sensibilidad.

Hay, entre las muchas opciones, una forma que funciona la mayoría de las veces y es encontrar ese interruptor buscando sin preguntar. Recorrer el cuerpo, con ojos, nariz, manos, boca y lengua hasta cuando la misma piel, traicionera y elocuente, te diga, al ponerse arrozuda o temblar, “¡Lo encontraste!”.

Requiere, eso si, la plena convicción y la absoluta voluntad de dar gusto antes de buscar el gusto propio, o, como en mi caso (confieso) encontrar placer en el placer de mi pareja. Porque, al menos para mi, no hay nada mejor que sentir un cuerpo que te han dado el honor de tener recibiendo todo aquello que merece y que, agradecido, estalla una y otra vez para tu deleite. Ese maravilloso chapoteo.

A partir de este momento, si estás leyendo, es importante considerar que no aplica para los “rapidines”, esos tienen un voltaje diferente y, normalmente, los cuerpos ya vienen no solo encendidos sino casi recalentados.Con todo y todo la exploración es fundamental pues finalmente estás recibiendo un cuerpo y su intimidad, en tesoro que debes respetar con un muy buen recorrido mientras permitís que en el tuyo suceda algo igual.

Retomo, las manos, particularmente la yema de los dedos ayudan en los recorridos largos. Ahorran tiempo y van midiendo el ritmo de la piel, el tono de la piel y la profundidad que vas a necesitar de ahí en adelante en las caricias. Estas acariciando, no cavando un pozo, por si acaso.

La boca y la lengua son claves para demarcar el rumbo. Hay zonas que exigen ser visitadas por ellas. Cuello, mentón, dedos (manos y pies), pecho, abdomen recibirán su visita con agrado y gratitud. Vale la pena ir y no solo quedarse en dos o tres lugares, es mejor que sea por cuerpo completo. Oh si, sensibilidad y generosidad.

¿De dónde prende? Bueno, raro y rara es la persona que no le gusta el contacto a sus genitales con manos o boca,que no les gusta hacer o recibir sexo oral, pero los hay. Es más inusual aún encontrarlas rechazándolo incluso cuando ya han descubierto el tono y el ritmo en que les gusta y que, en el mejor de los casos, si no lo están recibiendo correctamente pueden (y deben) detener la faena para, con cariño y mucha sinceridad, señalar un camino que se saben efectivo, placentero.

No, este no es un escrito acerca del sexo oral, no, ¿para qué si la técnica está disponible en la red con gráficos, vídeos e incluso testimoniales? Es decir, para qué les digo que se debe empezar lejos del punto, (indiferente si al norte o al sur), para hacer un recorrido con manos y boca, ojalá las manos lejos de la boca y viceversa, que vaya por todo el cuerpo. Boca en el pecho, manos en pantorrillas; boca en muslos, manos en cintura y pecho… ¿Se entiende?

Ir besando con paciencia y constancia, ir acercándose lentamente pero con firmeza. Saber que es tuyo, saber que le debes respeto y hay que honrarlo como lo que es: la puerta al paraíso.

No te detienes salvo para mirarle, admirarle. Clavarle la mirada a los ojos, a la boca y darle seguridad, hacerla sentir deseada, anhelada. Vas por ella, para ella. Es tuya. Oh sensibilidad, si, sensibilidad también para entender que hay momentos en los que detenerse no es una opción. Escucha su piel, su respiración. Mira como sus manos se agarran de lo que pueda (si es de tu cabeza vas triunfando como los grandes). Sabanas que se arrugan, labios que se muerden, ojos que pierden color para entrecerrados entregar el blanco que nos gusta ver. Gemidos cortos, gritos sostenidos. Es saber que ha perdido el control de si, que no tiene cómo detenerlos, que van llegando, uno más eléctrico que el anterior. Son orgasmos cortos pero sucesivos, son orgasmos que te dicen ¡Carajo, estoy vivo!

Manos sobre el abdomen, una y la otra agarrando las nalgas, apretando al frente para que no se escape al placer, para que se se rinda para evitar que piense… hundir el mentón hacia el frente, abrir poco la boca y dejar que la lengua, plana y ancha primero de arriba a abajo, delgada y filuda después, en ese maravilloso punto, movimientos circulares, rápidos y lentos, intercalados… ya tenes el ritmo. Aprieta de nuevo, todo su cuerpo es para ti, todo tu ser es suyo. No te detengas, no mientras no te pidan.

En caso de detenerse, compa, debes empezar de cero. Si, desde el principio, así debe ser.

Acariciar, besar, chupar y lamer. Esa es una forma sincera para decir: soy tuyo.

Mírala, mírala desde abajo, ella no lo va olvidar, ella no olvidará la primera mirada que le diste, no, menos si es la mirada del cocodrilo.

Germán Salcedo Cajiao

@germanchos

*Foto: Pasión de Asoreth

Originalmente publicada en ConLaOrejaRoja el 13 de febrero de 2016, si, para San Valentín ;)

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