Si no te tiemblan las piernas, no cuenta

Martines-legs-1967-Cartier-Bresson

Es el mejor momento de la noche, es una noche fría y sin embargo en la habitación hace calor. Sudan los cuerpos, hay jadeos, miradas que se pierden entre ojos semiabiertos, miradas sospechosas, agradecidas. Una sonrisa, dos.

A tu lado hay una almohada que no ha sido tocada y sin embargo en la cama hay dos cuerpos, no hay silencio pero tampoco ha palabras. Una sonrisa, dos. Una carcajada, otra vez.

¿Cierto que es diferente cuando terminas y te tiemblan las piernas? Lo es, pasa, Dios quiera seguido, a veces no. Tiemblan de gusto, por el esfuerzo o los nervios, pero tiemblan y eso lo hace único, memorable y ampliamente repetible. Lo hacen porque encontraron motivo, una razón, esa que se pierde entre prolongados suspiros. ¿De qué color son mis ojos? preguntas, ¡Blancos! contesté. Una sonrisa, dos.

Ya dijo que a todas las deja así. Pues no, no a todas en principio porque el plural denota amplitud y no la hay y en segunda porque para que eso pase debe haber conexión, una entrega sincera, libertad de pensamiento, palabra y sin ninguna omisión…no es fácil, pero si gratificante.

Para que las piernas tiemblen, las tuyas y/o las mías, nos corresponde dejar los escrúpulos en un cajón. Olvidarnos de todo y concentrarnos en los dos. Clave, a mi juicio, entrar no a venirse sino hacer venir, entrar a dar antes que recibir. Convertir su placer, el tuyo, en el mío también. Suena sencillo, lo es, si te desprendes de la necesidad de alimentar el ego y la cambias por el gusto de alimentar el alma, de compartirla de hacerla brillar en el cuerpo de alguien más.

Respiramos, si, porque hay que “trabajar”. Los orgasmos no caen del cielo, no, hay que ir por ellos, los mejores están lejanos, aunque de vez en cuando te encuentres con un breve corrientazo en el camino. No se puede parar, no. La sensibilidad lo es  todo. Escuchar con la piel y con los oídos también. Mirá cómo se eriza, cómo cambia de color. Mirá esa gota de sudor que se va y va. Escucha, con las manos y las orejas, oye como cambia la respiración, cómo lo hace el latir de un corazón en un pecho que le queda estrecho. Seguro quiere más.

Mira, con detenimiento pero libre de juicios, a los ojos y verás la intensidad de una mirada que aprueba lo que haces o no. Que pide que te muevas, rápido, duro o que te detengas porque algo no va bien. Puede pasar, el cuerpo es una maquina, pero no es infalible. Hay que empezar de nuevo, desde el comienzo sin saltarse ni un solo paso.

Mirar, tocar, besar, morder, volver a besar, no detenerse. Es una vez, así sea la primera, ¿guardarse algo para qué?

Cada persona es diferente y su cuerpo también. Cada piel tiene un tono, un ritmo y una necesidad. Interpretarlas sin preguntar te llevará a triunfar; ignorarlo simplemente hará que te conviertas en “uno más” o, esperemos que no, en “uno menos”.

Toma sus manos, evalúa su reacción. Mirá su cara, su cuello, míralo y escúchalo al pasar tus dedos por él. Ensaya en circulos, profundo, ligero, suave, tenue, más fuerte…¿Lo sentiste?, ¿sentiste el pequeño brinco?, ¿viste cómo su piel cambió?,¿Escuchaste cómo suspiro? Si, le da pena, siente vergüenza, sabe que su cuerpo se entregó.

El viejo “mete-saca” sólo le funciona a Alex el de “La Naranja Mecánica”, sirve, si, no se descarta un buen encontrón sin tiempo para preámbulos, uno de condiciones irrepetibles, en publico, de afán, brutal. De vez en cuando funciona y se agradece, había que aprovechar. ¿Cómo llegaste? simple, tu piel pidió lo que tu cuerpo recibió. No se debe ser tan romántico todo el tiempo, pero tampoco ir por la vida como un animal. Equilibrio. Debe ser que estoy viejo ya.

La almohada sigue desocupada al lado nuestro, el abrazo se prolonga, se alarga entre risas, una, dos. Nuestras.

No queremos separarnos, hace calor, seguro vamos a bañarnos, en un rato. Déjame disfrutarlo. Cuento hasta diez, no llego ni a tres.

Tiemblan las piernas, por el esfuerzo, por el gusto, porque encontraste el placer que pedías, que querías, que necesitabas. Tiemblan porque pudiste ser tu desde el cuerpo de otro(a), porque encontraste con quien hablar de sexo y perversiones sin musitar palabra. Tiemblan las piernas porque si no tiemblan, no cuenta.

Germán Salcedo Cajiao

@germanchos

*Foto: Martine’s legs 1967 Cartier-Bresson

Originalmente publicado en ConLaOrejaRoja el 04 de febrero de 2016

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